sábado, 21 de enero de 2012

Anoche

Anoche me junté con un amigo y dos señoritas un poco más chicas que nosotros, que todavía van al colegio, cerca de casa. Las conozco desde hará dos años: son el promedio para su edad en un colegio católico de Belgrano.
Fuimos a Cabildo y Juramento y nos tomamos un colectivo a Las Cañitas. En el camino empezaron a hablar sobre tatuajes. Una ya se había tatuado, la otra planeaba hacerlo:
-Yo me voy a hacer una carita feliz: una sonrisa sobre el ombligo, más arriba una nariz y que los ojos sean los pezones.

Llegamos al bar, y nos fuimos al fondo porque éramos "los pendejos" entre toda gente de 25 o más. Yo pedí un trago que me gusta mucho. La señorita quemó 60 pesos en shots de tequila para entonarse, y al rato empezaron los juegos. Se entierra un gajo de limón en el escote y mi amigo se lo tiene que sacar con los dientes. Se dan un beso (ellas) y después piden que nos demos uno nosotros (!).

Dije que estaba cansado, y me fui. La cabeza me daba vueltas con pensamientos y preguntas. Esta chica, muy pocos meses atrás, era una persona de buena calidad. No necesitaba prostituir su cuerpo para llamar la atención de ninguno. Y menos para llamar la mía.

Las preguntas suelen hacerme caminar. Caminé hasta Chacarita, de ahí a Urquiza, Coghlan, y recién entonces rumbeé para casa. Coghlan es un "refugio": ahí por lo menos hay unos 10-15 hijos/as de gente del interior y de militares que actúan y piensan como yo. De contrapartida soy más grande que ellos, y 2 años de diferencia todavía es mucho. Pensándolo bien, ¿será algo del interior? Quizá tenga que ponerme a pensar en Mendoza...

¿Queda algo? Ahora en enero la ciudad está vacía, o todo el año está vacía.

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