Ayer fui a visitar a un amigo. Bah, amigo, no sé cómo llamarlo. Es como un primo lejano. Tiene siete años más que yo, tiene una casa y está casado hace menos de un año. Es ingeniro, trabaja en la comisión nacional de energía atómica. Pero es una gran persona, un ejemplo. Él me hizo leer El Candor del Padre Brown, justo después de que mi tía me trajera Brideshead Revisited, y así entré de lleno en los autores ingleses.
No sé bien cómo surgió el tema de las agrupaciones, "Acciones", "Obras", la Compañía, el Marquesado, y otros etcéteras. Yo dije que no pertenecía a ningún grupo porque me daba miedo someterme a la autoridad de una institución que más tarde podía terminar tergiversándose, y que limita mi libertad.
Pero él me retrucó de una forma que yo no esperaba. Algo así como: "para mí estás equivocado, porque tu cabeza está metidísima en el siglo XXI. Ahora nadie quiere que haya ninguna insitución, de ningún tipo. Lo tenemos en todos los ámbitos: desde Roger Waters y el we don't need no education, hasta la destrucción de la familia. Las instituciones siempre te limitan. Ahora yo no quiero al gobierno, porque me oprime; no quiero leyes, porque las leyes me oprimen; no quiero una familia, porque estar ligado a mi mujer me oprime, y así sigue."
Tiene razón. Si aceptamos vivir en sociedad, aceptamos que la sociedad nos oprima: que nos prohíba caminar desnudos y robar. Y es cierto que una institución tiene mucha más permanencia y seguridad que una persona sóla. Si no, todos viviríamos sólos en el medio del campo.
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Ayer volví a pasar por la biblioteca, y me llevé otro libro de Belloc, esta vez G. K. Chesterton, donado a la UCA por Ma. Edith Pont de Bordelois. ¡Gracias!
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