Tengo dos copias de El Nombre de la Rosa. Iba a prestar la más nueva, pero al final no volví a hablar con el interesado. La más vieja es una edición especial: esta semana terminé de anotarla, y ahora todas las frases en alemán y latín tienen al margen una explicación en lápiz.
Pero me di cuenta de algo: ahora no tengo un libro repetido, tengo dos libros distintos. Uno es una novela policial encuadrada en la edad media, la segunda es un libro grotesco y blasfemo.
¿Resulta que tenía razón Jorge? La proclama contra la censura, se autocensura; inteligible sólo para unos pocos. (¿Inteligible? o quizá todavía me falta entender mucho). Y llega a parecerme mejor "que lo escondido no salga a la luz".
Pero no, tarde o temprano no hay nada escondido que no vaya a ser revelado. Mientras tanto, cuando me pidan prestaré una novela policial.
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