lunes, 7 de octubre de 2013

Fulanito conducción

Muchos argentinos, todavía hoy, siguen repitiendo el concepto de "Conducción" en política.
El Principio del Conductor (Führerprinzip) lo inventó Kayserling a fines del siglo XIX basándose en el héroe de Hegel. Se aplicó para los oficiales durante la primera guerra mundial, y ahí, en el campo de batalla, lo tomaron los pensadores de la derecha alemana e italiana. Este concepto ganó popularidad en una Europa irracional y violenta, en movimientos políticos de gente de instrucción media-baja.

La "conducción" es una concepción bastante brutal. Porque la organización social va evolucionando. Los salvajes se organizan en tribus, y cada tribu tiene su conductor. Las civilizaciones primitivas se organizan en reinos. Sólo en lugares de población muy iluminada y de coeficiente intelectual promedio muy alto, como la península Ática, pudo surgir la democracia: ahí no había "conductores", porque cada hombre tenía la inteligencia y la cultura suficiente como para conducirse a sí mismo. Ser uno su propio conductor es un estado muy alto de la existencia humana: significa ser realmente adulto y libre.

El conductor conduce a su ejército de zombis conducidos, "leales" y obedientes. Acá se trata de acatar al amo, de aplaudir y adular. Tenemos el 17 de octubre, día nacional del lacayo: agachar la cabeza ante el dueño es necesario, porque el que no lo hace es el enemigo (quien debe ser odiado, insultado, y no hay que darle ni justicia).

La democracia sirve sólo cuando la gente es instruida, racional, y decide con plena libertad. Proponer al peronismo como ejemplo de democracia es una contradicción, porque el peronismo siempre busca gente ignorante, con una obediencia ciega (irracional) que les impide actuar con libertad. La gente servil que se arrastra por el suelo humillándose ante el amo, como Scioli, es una de las causas por las que la Argentina está condenada a muchos años más de decadencia. "Tengo estas convicciones, pero si no te gustan, también tengo estas otras". La frase se aplica al al justicialismo de Menem, al duhaldismo de Solá, al menemismo de Kirchner. El peronismo es un movimiento sin convicciones: constantemente se están vendiendo por conveniencia a las ideas que "garpan" políticamente. Lo que dijo Menem es un ejemplo: si hubiesemos dicho lo que ibamos a hacer, no nos votaba nadie. A él no le importaba ninguna idea, lo único que quería era ganar. Lo que importa es ganar, nada más. Y si para eso hay que mentir ¡adelante!
En Agosto de 2009 los peronistas del gobierno decían que Carrió era golpista, que tenía un plan desestabilizador y que quería voltear al gobierno, porque ella proponía el tremendo plan de una asignación universal por hijo. Dos meses después, ese plan era la idea salvadora de la Patria. ¿Qué pasó en el medio? Carlos Heller fue destrozado en las elecciones por oponerse a esa medida. "Tengo estas convicciones, pero si no te gustan, también tengo estas otras".



¿Por qué no critican a Francisco de la misma manera que criticaban a Bergoglio? Porque son peronistas: no importan los ideales. El laicismo lo tenían por conveniencia, no por convicción. Un día les convenía ser anticlerical. Al día siguiente agitaban banderas del Vaticano. La dueña dio la orden, y los esclavos obedecieron. Se dejaron conducir.


La conducción no es apta para gente civilizada, autónoma y que valora cosas como el honor y la libertad. Se puede tener un líder, pero nunca un amo.



No quiero decir que todos los peronistas son serviles y arrastrados. Algunos se independizaron de Néstor o de Cristina, aunque "conducen" a otras personas. De hecho en las provincias a veces el "peronismo" puede ser muy distinto! Por ejemplo, el primer gobernador peronista de Mendoza era un conservador como cualquier otro, y hasta que llegó el kirchnerismo nunca hubo una brutalización de los militantes, nunca se transformó la base del PJ en un ejército de obedientes. Mi padre y mi abuelo tuvieron roles importantes en la cosa pública de la mano del PJ provincial, pero nunca militaron, ni nunca se afiliaron. En algunas provincias todavía estaba eso de designar funcionarios capaces aunque no fueran soldaditos del partido.

Pero en general, en la mayoría de los casos, y en el caso propio de Perón, las convicciónes, el pueblo, y la Patria no importan nada. Lo único que importa es el poder.

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