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| Juan de Garay funda Buenos Aires. |
Dos ciudades tenía la Superintendencia de Cuyo, después tres; y su tamaño era el de todo un reino europeo. Tengo la fotocopia de un artículo muy interesante de un señor llamado Francisco Seeber:
Se refiere a la Buenos Aires del siglo XVII, entre treinta y ochenta años después de la fundación de Cuyo y de las demás ciudades principales del país. Eran centinelas en la inmensidad, y cuando elementos civilizados cultivaban el desierto, éste pasaba a ser campo. Ciudad, campo y desierto, con gauchos en la frontera. Civilización en la ciudad, barbarie en el desierto, los gauchos en el medio.Buenos Aires constituyó desde su fundación una estructura social altamente civilizada, un verdadero estado de derecho donde sin mengua de una indudable libertad, reinaba un orden jurídico desconocido entonces en casi todo el testo del mundo, inclusive en varios de los países europeos.-¿cómo no recordar aquí el extremo de barbarie de la Rusia de Iván el Terrible y de sus inmediatos sucesores? Es asombroso que un respeto semejante a la ley y a los valores esenciales de una cultura, se diera precisamente en el lugar más alejado del centro de la civilización occidental, a tres meses de la navegación más peligrosa y más penosa que pueda imaginarse; en un lugar donde el salvaje estaba y siguió estando por siglos a un tiro de fusil; donde se.carecía de los materiales más necesarios: hierro, madera, piedra, etc; y donde, sin embargo, la propiedad inmobiliaria se mensuraba y se transmitía puntualmente por escritura pública, se escrituraban igualmente las, dotes, sucesiones e informaciones varias, se registraba el nacimiento y el estado de las personas, tramitándose canónicamente los eventuales disensos, divorcios y nulidades, se pleiteaba con sujeción a procedimientos curiosamente similares a los actuales, se impartía justicia rápida; previniéndose y castigándose el delito en las instancias policiales y judiciales correspondientes, en un lugar donde había hospitales y escuela públicos y que se revelaba, en fin, como la antítesis de la ley de la selva y de lo que, por ejemplo, eran a fines del siglo XIX los asentamientos yanquis en el oeste de los Estados Unidos.
La ciudad y el desierto terminaron por odiarse mutuamente, y algo así está pasando hoy. En la periferia de nuestras modernas ciudades sigue viviendo la misma gente que estaba en el desierto y con los que nunca nos terminamos de asimilar. Sarmiento se equivocó: inundamos el país de inmigrantes, pero ellos se asimilaron a la ciudad y no contagiaron su cultura. Perón trató de mezclar ciudad y desierto, pero no le salió. Lo que en realidad hizo fue crear ghettos. Siento que estoy repitiendo palabras de Ricardo Iorio, pero sigue habiendo un abismo entre los hijos culturales de España y los hijos culturales de América, y esta convivencia de culturas genera roces que no podemos dejar de reconocer. Seguimos teniendo una frontera insuperable entre "ellos" y "nosotros". "Nosotros" vamos caritativamente a "ayudarlos", de la misma manera que nuestros antepasados también vinieron a enseñarles la Fe Católica y el arte de construir ciudades. Nosotros y ellos, siempre hay algo que nos separa.

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