lunes, 20 de mayo de 2013

Mujer, familia y enseñanza.

Acabo de darme cuenta de la cantidad de amigas que van a dedicarse a la enseñanza. Ahora que lo pienso, las que estudian letras, magisterio, y los distintos profesorados son casi un 40%. Desde el punto de vista de una mujer que quiere tener hijos, es una decisión excelente. Más lo pienso y me doy cuenta de que mi madre es profesora universitaria, igual que su suegra. Además para una mujer que quiere tener muchos hijos es conveniente poder adaptar año a año la cantidad de horas de trabajo.

La educación es un tema demasiado grande, todos siempre hablan, y nunca pasa nada. "La Escuela" argentina ha sido un fracaso estrepitoso y no hace más que confirmar lo obvio: que los valores de la civilización se aprenden en la casa. Sarmiento tenía las mejores intenciones, pero acá llevamos este experimento durante más de cien años y los resultados son los que son. En los colegios sólo se aprende la técnica, los datos, y hay una instancia de socialización. Lo que llamamos "educación" en realidad debería ser "instrucción", porque a los chicos se los instruye (a medias), pero no se los educa en los valores de una persona educada. Me refiero especialmente a muchos colegios públicos, que salvo en algunas provincias es mejor perderlos que encontrarlos.
Para educar hacen falta madres educadas que eduquen a sus hijos. Para que la escuela eduque, es necesario contar con educadores educados. En un colegio puede que los haya, pero son la excepción más que la norma.
La mayor parte de mis amigas son gente excepcional, son gente cuya compañía me resulta la más agradable, con quienes tengo total confianza y comparto los aspectos más importantes de mí. Si cada una de ellas enseñara, ahí sí habría educación en las escuelas. Eso pasa en un gran país cuya bandera es celeste y blanca: sólo la gente más excepcional puede llegar a pisar un colegio como maestro, y los resultados (académicos) son muy buenos.

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